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Cultura Gótica.
NACEN LOS GÓTICOS
Apenas dos años después, entre 1980 y
1981, se produce la primera gran escisión del post-punk. Han nacido
los góticos, unos jóvenes escuálidos y misteriosos que visten con
largas chupas de cuero negro, se cardan el pelo, se maquillan con
polvos de arroz, se pintan telas de araña en la cara y portan símbolos
religiosos y fúnebres. Esta nueva ola mostrará desde el primer momento
una poderosa inquietud por lo macabro, lo fantástico, lo onírico, el
terror, la magia, el espiritismo y, en definitiva, por todo aquello
que guarde relación con el vampirismo y la muerte. Es un retorno
inesperado al romanticismo del Sturm und Drang, un movimiento
despojado de cualquier tipo de inquietud o reivindicación social o
política. La vida ya no es más que una experiencia estética.
El nuevo centro de culto será la
Batcave, una extraña discoteca ubicada en un sótano de Londres que no
tardó en convertirse en el local más visitado de Inglaterra. Telas de
araña, criptas, atmósferas de ultratumba y un ambiente terrorífico
serían las señas distintivas del hábitat elegido por estos jóvenes. El
espíritu resentido del punk ya ha sido totalmente superado. Ya no
queda nada de la visceralidad original: todo huele a muerte y a
sangre, a cementerio y a decrepitud.
The Cure, con su trilogía 17 Seconds
(1980), Faith (1981) y Pornography (1982), no tardaría en convertirse
en el auténtico grupo de culto de las nuevas multitudes góticas; y su
cantante, Robert Smith, sería erigido en algo más que su indiscutible
líder; sería su auténtico icono (con permiso de Peter Murphy, cantante
de Bauhaus). Sin embargo, muchos góticos no se conformaron con la
tendencia general y empezaron a interesarse por grupos como Cabaret
Voltaire, Skinny Puppy o Front 242, que proponían una electrónica
industrial de ritmo mucho más pesado y repetitivo que la línea
melódica que siguió The Cure.
INFLUENCIAS LITERARIAS
Y PLANTEAMIENTOS TEÓRICOS DEL MOVIMIENTO GÓTICO ORIGINAL.
A diferencia de otros colectivos
urbanos, el gótico apenas tuvo implicaciones o consecuencias
político-sociales. Debido al acusado individualismo de estos jóvenes,
sus inquietudes fueron principalmente filosóficas, literarias e
incluso religiosas.
Arthur Schopenhauer fue uno de los
primeros filósofos en desenmascarar una dialéctica de la ilustración.
En lugar del fundamentalismo racionalista en el que ha entrado
Occidente, Schopenhauer propone una huida
de la razón, una mística muy peculiar consistente en despojar al
impulso vital de ilusiones para que aprenda a vivir sin confianza en
el mundo. No hay nada que transformar. Estamos solos y no hay ningún
ser superior preocupado por nosotros. Ha llegado la hora de
distanciarse del mundo y de pronunciar un gran no a la vida material:
sólo caben la distinción estética, la contemplación y la belleza.
Nietzsche no es sólo el gran continuador
de esta línea; más bien será su indiscutible portavoz. Para él, la
existencia y el mundo sólo se justifican como fenómeno estético. El
arte es el contrapeso al desencanto utilitarista del mundo, una forma
de rebelión subjetiva frente a la mediocridad de la vida burguesa y
del racionalismo. Nietzsche no sólo propone el "arte por el arte" como
forma de expresión artística, sino también como una necesidad para
enriquecer una vida estética. La vida no es dicha ni cómodo bienestar;
es sólo la coronación de los hombres extraordinarios, los artistas,
los elegidos; en definitiva, los superhombres. La democracia y la mal
llamada "cultura" no son más que recursos del "último hombre".
El Marqués de Sade
será otra influencia ineludible para el movimiento gótico. Sade es
el héroe ultraindividualista, el gran inmoralista, el seductor
implacable, el esteta capaz de situarse más allá del bien y del mal.
Edgar Allan Poe, Goethe, el joven Gustave Flaubert, Theophile Gautier,
Verlaine, Villiers de l´Isle Adam, Arthur Machen, Howard Philips
Lovecraft, Lord Byron, Ambrose Bierce, Gustav Meyrink, Bram Stoker,
Baudelaire, Oscar Wilde, Huysman o el Comte de Lautréamont serán otras
referencias ineludibles para los góticos: genios artísticos
sacrificados a su arte, artistas incapaces de poner su talento
creativo al servicio de cualquier propósito positivista o utilitario.
El racionalismo o el principio de utilidad significarán para ellos el
verdadero mal: meros instrumentos para el control de la conciencia y
la indigencia espiritual.
PRIMEROS SÍNTOMAS DE
AGOTAMIENTO DEL MOVIMIENTO. AÑO 1985.
En 1985, coincidiendo con la separación del grupo Bauhaus, se produce
la primera gran crisis del goticismo. El individualismo y el elitismo
de los primeros góticos no podía ser compatible con la conversión del
movimiento en un fenómeno de masas. Ser gótico, ante todo, implicaba
un distanciamiento de la muchedumbre, una autoexclusión fundamentada
en un gusto más refinado que el de la mayoría y en una pasión casi
enfermiza por aquello que la propia sociedad de consumo había dejado
en un lugar oculto. El auténtico gótico sólo podía vivir al margen de
la sociedad, tratando de convertir su vida en una singular obra de
arte.
El movimiento es inmediatamente recogido por una generación de jóvenes
aún más oscuros y aparatosos; quizás con menos inquietudes literarias,
pero con un mayor interés por la música fúnebre y deprimente. Los
nuevos grupos de referencia serán Sisters of Mercy, Fields of the
Nephilim o The Mission, dando origen a un nuevo estilo que sería
bautizado como Goth-Rock.
Como reacción, algunos grupos precursores de la estética gótica, como
The Cure, Siouxsie and the Banshees o Cocteau Twins, se desmarcaron de
la nueva tendencia y se aproximaron a una línea mucho más melódica y
pop; muchos de ellos, incluso, acabarían confesando su rotundo
desprecio por el movimiento y negarían cualquier tipo de relación con
él. Por otro lado, grupos como This Mortal Coil o Dead Can Dance se
aproximarían a la llamada World Music, tratando de enriquecer la
belleza indiscutible de sus primeros discos con otros sonidos
espirituales procedentes del lejano Oriente, la India, el mundo árabe
y el medioevo cristiano. La palabra "gótico", que empezó siendo una
seña de identidad para aquellos jóvenes estetas con un gusto
extraordinariamente refinado, de pronto empezó a convertirse en una
moda aparatosa, grotesca y ridícula. Más que una prueba de
virtuosismo, ser gótico empezaba a convertirse en un estigma.
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AÑOS NOVENTA. RENOVACIÓN INDUSTRIAL y (CON)FUSIÓN
METALERA.
Casualmente, durante finales de los
ochenta y principios de los noventa se produciría una renovación de
todo este fenómeno en Alemania, por medio de la llamada revolución "dark
wave". Se trata de un movimiento ligeramente diferente, similar en
cuanto a la obsesión por el irracionalismo, el satanismo y el color
negro, pero con un sonido basado en los ritmos electro e industrial.
Algunos grupos especialmente interesantes serían Project Pitchfork,
Deine Lakaien y, sobre todo, Das Ich, que incluían en sus textos
referencias bíblicas (Kain und Abel, Jericho) y filosóficas (Die
Propheten, Gottes Tod).
Pero en el resto de Europa y en América, el movimiento gótico poco a
poco fue cayendo en un sinfín de tendencias y sub-grupos, siendo ya
imposible reconocer quiénes formaban parte de la tribu original y
quiénes eran meros imitadores.
El interés por grupos de ritmo mucho más pesado llevaría al movimiento
gótico hacia una (con)fusión con muchos elementos hasta entonces
característicos del Metal. El peculiar estilo sombrío de los góticos
empieza a llamar la atención de especímenes de lo más variopinto:
jugadores de rol, viciosos de los videojuegos (freakies), pajilleros
con el cutis destrozado por el acné o heavies anacrónicos incapaces de
olvidar sus discos de Slayer, Manowar y Metallica. Definitivamente, la
decadencia del movimiento gótico es imparable.
Los propios medios de comunicación, haciendo gala de su habitual
ignorancia y de su facilidad para establecer clasificaciones siguiendo
los criterios más simplistas, empiezan a integrar estilos muy
diferentes dentro de un mismo grupo de jóvenes "desviados". El metal
Industrial de Marilyn Manson, Rammstein o Nine Inch Nails; el Death-Metal
de Cannibal Corpse, el Doom de My Dying Bride o el Black Metal de
Cradle of Filth, todo ello aparece presentado en un mismo paquete
integrado por una caterva de adolescentes antisociales, lunáticos y
satánicos que lo mismo podrían asesinar a uno de sus amigos en una
partida de rol que participar en una matanza como la de Columbine.
En fin ...!
Pero a pesar de la angustiosa regresión de lo que en su día fue una
reacción estética, lo cierto es que aún quedan sucesores del gótico
original, herederos un poco desfasados del ritualismo Batcave que
escuchan con entusiasmo los primeros discos de The Cure y devoran con
avidez los cuentos de Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft. Suelen
reunirse cada semana en nuevos centros de culto decorados a la manera
del Batcave de Londres (véase el Dark Hole de Madrid) y forman clubes
de amigos a través de internet, pero en realidad no son más que un
sucedáneo del gótico de principios de los ochenta.
Estos herederos tardíos se limitan a seguir una tendencia, una moda,
una convención social que les llamará más la atención por la
aparatosidad de sus vestimentas que por sus implicaciones filosóficas
o de reacción estética frente a un orden burgués insufriblemente
rígido y racionalista. En muchos casos se trata de góticos de fin de
semana, una serie de niños bien perfectamente integrados en el orden
social y que los sábados se divierten disfrazándose de vampiros o
jugando a ser protagonistas de una película de Tim Burton o de los
hermanos Wachowski. Muchos de ellos se esforzarán por interpretar el
ridículo rol del poeta maldito, inventando o exagerando experiencias
infantiles traumáticas, recordando sin cesar sus numerosos intentos de
suicidio como adolescentes inadaptados o hablando constantemente de
sus sentimientos más débiles. En definitiva, puede decirse que por lo
general se trata de adolescentes ególatras y autocompasivos sin apenas
inquietudes dignas de mención, pero muy habilidosos, eso sí, para
sobredimensionar de manera forzada sus sentimientos con el fin de
creerse los protagonistas de esa novela fantástica o de
ciencia-ficción que tienen en la cabeza pero que nunca sabrán
escribir.
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